No recuerdo qué día morí. Bueno, me dejé morir. Mi cuerpo seguía deambulando por el mundo. Mi corazón latía. Pero eran latidos vacíos. Latidos sin alma. Mi vitalidad dejó de existir. Nadie percibió mi muerte, porque nadie imagina que un cuerpo que se mueve como cualquier otro pueda estar muerto. Digamos que mi vida se secó. Como una pasa. O como los charcos.
Me ha encantado.
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