Ruego que vuelvas para quedarte solo una vez más,
y que si decides no volver, solo hay algo que te pido:
vete muy lejos, tanto, que al alejarte te lleves tu recuerdo.
Me pregunto dónde está quien me dio primaveras
y ahora su recuerdo me condena al más frío invierno.
Con dagas de hielo clavándoseme en la carne trémula.
Ahora las noches claman tu nombre entre gemidos
mientras el frío hiela el tiempo y las hace eternas.
En las bocanadas de aire que emanan de mi boca
imagino que es tu figura la que en ellos se refleja
y cierro los ojos, pero sigues ahí, mirándome sin más,
observándome con los ojos soberbios de Aracne
impasible ante mis brazos que intentan atraparte.
Pero creo que por fin esta espera me ahoga la garganta.
No vayas a volver ahora, porque ya no estoy.