jueves, 28 de marzo de 2013

"Ruego que vuelvas para quedarte solo una vez más"


Ruego que vuelvas para quedarte solo una vez más,
y que si decides no volver, solo hay algo que te pido:
vete muy lejos, tanto, que al alejarte te lleves tu recuerdo.


Me pregunto dónde está quien me dio primaveras 
y ahora su recuerdo me condena al más frío invierno. 
Con dagas de hielo clavándoseme en la carne trémula.
Ahora las noches claman tu nombre entre gemidos
mientras el frío hiela el tiempo y las hace eternas.

En las bocanadas de aire que emanan de mi boca
imagino que es tu figura la que en ellos se refleja
y cierro los ojos, pero sigues ahí, mirándome sin más,
observándome con los ojos soberbios de Aracne
impasible ante mis brazos que intentan atraparte.

Pero creo que por fin esta espera me ahoga la garganta.
No vayas a volver ahora, porque ya no estoy.








domingo, 24 de marzo de 2013

"Yo fui tu ambrosía, y tú, mi néctar."

Sálvame de mí mismo. De mis instintos que  atacan mi cuerpo y lo dejan magullado y me hacen cuestionarme si puedo seguir adelante. Yo sé que no puedo. Te empeñas en hacerme ver que sí, que hay luz, que hay oxígeno tras estas paredes llenas de cianuro y me miras con esa sonrisa que vale mi mundo, y el tuyo. Yo entonces me doy la vuelta y vuelvo a mis sombras y mis oscuridades y mis heridas sin sanar. Y tú me arrastras.

Coincidimos en un momento en el que yo tenía sed y tú tenías hambre. Yo fui tu ambrosía, y tú, mi néctar. Ambos habíamos sido víctimas de tormentas pero teníamos una vida que nos corría con fuerza por debajo de las uñas. Por eso nos tocábamos, y nos sentíamos. Tu tacto me daba vida. Me quitaba la muerte de los ojos y la hacía desaparecer. Se me encogían las entrañas cada vez que de mí te separabas. Las noches en las que dormía se hacían eternas. Me dolía no soñarte. Las tormentas volvían a mis sueños y yo caía entre olas enfurecidas que me arañaban el cuerpo e insistían en arrastrarme hacia una maraña de redes deshilachadas en las que quedaban mis dedos enredados y el aire se convertía en burbujas que salían de mi boca mientras yo intentaba respirar de nuevo, pero no era más que agua lo que invadía mi garganta hasta que mis ojos se nublaban y deseaba despertar con tantas fuerzas que hasta la respiración se me entrecortaba y tú simplemente acariciabas mi pelo y las redes me soltaban de repente y mis pulmones volvían a sentir la entrada del aire y seguía durmiendo sin más.

Estando contigo conseguía que la soledad me mirara intimidada desde un rincón y se alejara cada vez que yo te sentía cerca. Me hiciste vivir además de existir en el mundo. Y espero nunca poder encontrar las palabras que puedan describir cuánto te lo agradezco.

martes, 19 de marzo de 2013

El reflejo del espejo.

Llego a casa y me miro en el espejo. Me gustaría poder moldear la imagen que me devuelve y ponerle unos labios más carnosos, una piel más uniforme y arrancar un par de kilos de grasa solo con soplar  como soplé las velas de mi último cumpleaños: sin ganas. Me vuelvo a mirar y siento que quizás no estoy tan mal. Que no sé por qué pero en el fondo me gusto. Sí, mi cuerpo podría pasar por una copia mal hecha de la  Venus de Willendorf, pero nadie me dijo a mí que debía perder mis curvas para ser atractiva. Bueno, realmente, nadie me dijo que tenía que ser atractiva para nadie. Con el tiempo, me he convencido de que basta ser atractiva para una misma, porque a quién vas a querer más que a la persona que vas a tener que ver cada día de tu vida quieras o no. No me idolatro. No me casaría conmigo misma, porque me acabaría odiando. Tendría que reconocer mis defectos. Y eso, sí que no. Que los tengo, sí. Que sé cuáles son, sí. Que voy a reconocerlos ante el mundo, no.  No es porque sea debil, sino por orgullo. Debilidades tengo tantas que he decidido dejar de contarlas. Me gusta más contar virtudes. Tengo contabilizadas unas diez. He dejado de mirarme en el espejo. Acabo de convencerme de que no me quiero cambiar.


“Cuesta mucho ser auténtica, 
y en estas cosas no hay que ser rácana,
porque una es más auténtica cuanto más se
parece a lo que ha soñado de sí misma.”
 Todo sobre mi madre.

martes, 5 de marzo de 2013

L'obligació d'entristir.

Moltes vegades intentava obligar-se a plorar perquè sentia que ho necessitava, que el cos li ho demanava. Però aquesta vegada no va haver d'obligar-se a res, sinó que simplement una vegada la porta es tancà rere els seus passos començà a plorar. Les llàgrimes no havien de lluitar per superar el llagrimal i passar a fregar-li les galtes, perquè brollaven sense problemes cara avall fins esclatar en tocar terra. Aquest cop, però, fins i tot va haver de reprimir crits tan forts que haurien desvetllat el veïnat amb el son més profund. La raó per aquesta desesperació no cal que sigui contada, perquè era massa personal i no calia que el món sencer la sabés, així com el món tampoc sabia que ca seva s'havia convertit en el cau de les seves misèries, en el lloc en què l'obscuritat li prenia els ulls i els espremia fins que ja no hi quedaven llàgrimes i després la deixava abatuda a terra mentre el silenci regnava en el pis si no hagués estat perquè els sanglots d'ella es compassaven amb el rumor llunyà d'algú que tocava el saxofon a ritme de blues. 

Els sanglots es van acabar mesos després.