viernes, 31 de mayo de 2013

"Sumergí, uno tras otro, mis pies..."

Sumergí, uno tras otro, mis pies
en el mar buscando el agua, 
la única certeza que me era fiel
tras tantos bandazos de vida inútil.

Oí muy allá rumores que me hablaban,
me sentí arropado entre tanta muerte
y seguí cubriéndome con la pátina
que me aislaba y me hacía sentir seguro.

La sentí ya rodeando mis caderas,
aprisionando todo mi tronco,
y otorgándome libertad a la vez.

Llegó a los labios, ojos, cabello,
sentí la muerte entrar en mi vida,
me noté morir para ir a nacer.


lunes, 27 de mayo de 2013

...

El cel plou, i jo plor.

El sol ja es desperta,
i per mi avui no surt,
fa dies que m'ocorre,
un cor sense cap sol.

Jo tenia un interruptor,
que el pitjaves cada matí,
darrere la meva orella, 
que em feia veure colors.

Ara me'l cerc amb els dits,
el busco amb la mirada,
dins un mirall trist i fred,
però allà només hi ha pell.

He cercat algú que el pitgi,
però són dits que m'arrapen
fent-me mal amb les ungles,
ferint-me per sempre el cor.

M'he avesat a un món negre,
ple de cossos sense cap llum,
com el meu cos, o com el seu,
però no semblant al teu,
perquè ton cos sempre reia,
la teva guixa movia muntanyes,
els teus ulls atorgaven la vida, 
la teva boca convidava al deliri.







sábado, 25 de mayo de 2013

I ser feliç.

Exigir-se una perfecció a la que no aspiren ni els àngels,
sentir-se impedit de treure les urpes i cridar ben fort,
pujar les muntanyes amb un equipatge massa pesat,
que d'altra banda mai no t'ha pertocat de suportar.

Rebutjar el greix com si fos un monstre devorador,
i odiar el mirall perquè et torna una realitat sense filtres,
sentir que és més important parèixer que ser,
que els pensaments dels altres sempre vencen els teus.

Respirar ben fort, agafar aire, doblegar els complexes,
assassinar les pors, aniquilar l'enveja, mutilar l'autoodi,
massacrar mil llengües funestes, enterrar les vergonyes,
executar opinions alienes, enverinar els horrors.

I estimar-se, i enamorar-se, i adorar-se,
i ser un mateix, i ser feliç.

sábado, 11 de mayo de 2013

"Ahora ya me he vuelto pequeñito..."

Cada día sentía esa necesidad de huir más dentro de mí, a gritos, para sentirme lejos de tus alas negras que amenazaban con cubrirme y volverme ceniza. En mis ojos siento ya granos de arena de  tanto exprimirlos contra tu resignación y tus empeños por destruir mi magia.

Quisiera poder volverme alto, más que las cataratas que coronan el país de los colores vivos, para poder mirar al mundo con el mismo desprecio con que me mira día a día. Y que después las corrientes de aire me desordenen el pelo, y que no me importe, y que mis gritos aplaquen todos los males que me miran queriendo cercenar mi cuello.

Deseo volver a pensarte sin que alfileres atraviesen mi cuerpo y que mi mente deje de tenerte como estrella principal en cada momento. Y después pienso que  te colaste por mis retinas hasta hacerme creer que mirabas por mis ojos, que veías lo que veía, y que sentías todo lo que yo sentía. Una simbiosis sin comparación posible; imagina cuánta falta me haces cada vez que quiero mirar este mundo, del que los colores ya se han marchado, en que las amapolas son grises y el sol es blanco mientras apenas me deslumbra.

Ahora ya me he vuelto pequeñito, y hasta el más mínimo amago de viento hace que me esconda con temor bajo mi sábana gris.

sábado, 4 de mayo de 2013

El arte de morir en vida.

Es de noche y la necesidad de ti hace que mis ojos sangren y pidan a gritos un cuerpo al que aferrarse para soportar tu ausencia, que cada día me quita días de vida a pasos más y más agigantados. No me queda otra opción que cerrar los ojos con furia e insistir en que esta noche te soñaré, que toda la rabia de este mundo se convertirá en una gran balsa llena de flores que me llevará a tus cabellos, donde atracaré y moraré por siempre cerquita de tus labios. Y cuanto más pienso en pensarte en sueños más me obligo a la desesperación que me anula el aliento y me hace alargar las manos hasta palpar el aire vacío en que ansío encontrarte. Y créeme que lo intento, que yo busco alejarme de estas situaciones, y me araño la piel buscándote para arrancarte de una vez por todas. Busco compañías y manos en las que poder sentirme frágil sin ningún temor a romperme por culpa de una ráfaga de viento que pretenda tumbarme. 

He buscado en cientos de tabernas tu olor, y simplemente he conseguido acabar rezumando sudor de otro mientras maldecía haber caído otra vez y me daba cuenta de las pocas fuerzas que en mi capazo restaban para poder levantarme una vez más. 

Yo siempre te dije que no moríamos cuando dejábamos de respirar. Que moríamos mucho antes. Muchas veces decidimos morir. Ese día yo decidí que había muerto. Seguí deambulando por el mundo, pero mi mirada se vació para siempre, por mucho que el corazón siguiera bombeando sangre. Recuerdo que incluso un día volviste para reconstruir lo que habíamos calcinado a golpe de reproche e intento de olvido, pero ya era tarde y en mis ojos ya no quedaban ni los rescoldos de las llamas que un día se ahogaron en mis propias lágrimas.