He decidido dejar de imaginarte,
abrir los ojos a la incertidumbre,
a los golpes certeros de verdad,
con coletazos de pura realidad.
Abrir los ojos para ver los tuyos,
con las manos llenas de esperanza
y el cabello ondeando necesidad,
necesidad de ti, y de mí contigo.
Y trenzarme a tu cuerpo desnudo,
y amarrarme a tus caderas tal vez
con un suspiro ahogado después,
al saber que todo ha sido nada,
que al abrir los ojos ya no habrá
quien me consuele, pues me veré,
entre las sombras, lleno de vacío.
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