miércoles, 28 de agosto de 2013

Arañar el suelo en busca de estrellas.

No esperaba encontrar en ti ese olor a mar y sabor a sal
que me pide saborearte otra vez sin ser nunca la última
para seguir buscándote sin fin,
porque tú no eres, tú fluyes y te conviertes sin parar,
y soy incapaz de definirte cada vez que lo intento
y hundo mis dedos en tu esencia que se me escapa
y me mira con sonrisa burlona mientras se contonea
y me grita que la siga hasta el fin,
ese fin que no existe y reinventas con tus ojos de estrella.
Podría pedirte mil veces que nunca me dejaras,
pero no serviría de nada,
porque sería como suplicar a la luna que baje y se acueste conmigo,
o cazar estrellas cavando con las uñas en la tierra mojada,
porque cambias a cada paso que das, y te alejas,
y no sé qué me atrae, qué es aquello que me obliga a cantarte,
a convertirte en centro de todos mis poemas,
a añorarte aun estando aquí a mi lado.
Es esa esencia, ese olor a mar y sabor a sal,
esa insistencia tuya por llamarme sin saber que me llamas para amarte
y así sigues jugando conmigo y me dejo jugar
porque contigo disfruto hasta de perder
y de perderme entre tú y tus piernas desordenadas
que me hacen sentir arraigado en tierra de nadie
y me convencen de que esta vida mía es tuya,
de que si un día te alejas y mis ojos no te encuentran,
mis latidos me asegurarán que sigues existiendo, o siendo, o no sé,
porque mi pulso depende de ti, de tu pecho, de tus nalgas,
y del ritmo de tus pies.

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