Sal,
no vuelvas atrás.
Tu cuerpo obedecía,
y legaba marañas
de recuerdos indómitos
aferrados a mi esperanza
negra negra negra
sin estrellas de cristal.
Huye,
oía el viento y tus pasos
desordenados, firmes
lejos
lejos
lejos
y tu voz duraba en mí,
sin muerte sin tiempo
sin pausa sin muerte.
Entra,
vuelve,
retrocede,
y nada
nada
nada.
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