martes, 14 de enero de 2014

Dejo mis puertas abiertas.

Tú, con tu vida de funambulista
en mis pestañas balanzeándose,
la mía se convertía en cuesta arriba
mientras buscaba en todos los espejos.

Señálame dónde debo dejarte,
dime dónde deshacerme de ti,
porque esta voz no hay fuerza que la calle
y te oigo entrar cuando siempre sales.

Dejo mis puertas abiertas. No temas
mis demonios, los tengo bajo llave
y solo ante peligro de que llueva
salen de mis ojos rojos de esperarte.

El destino aquí no tiene cabida:
ni tampoco dejaré entrar el tiempo.
Enemigos que persiguen mi vida
que es tuya cuando a mí me falta aliento.

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