Es de noche y la necesidad de ti hace que mis ojos sangren y pidan a gritos un cuerpo al que aferrarse para soportar tu ausencia, que cada día me quita días de vida a pasos más y más agigantados. No me queda otra opción que cerrar los ojos con furia e insistir en que esta noche te soñaré, que toda la rabia de este mundo se convertirá en una gran balsa llena de flores que me llevará a tus cabellos, donde atracaré y moraré por siempre cerquita de tus labios. Y cuanto más pienso en pensarte en sueños más me obligo a la desesperación que me anula el aliento y me hace alargar las manos hasta palpar el aire vacío en que ansío encontrarte. Y créeme que lo intento, que yo busco alejarme de estas situaciones, y me araño la piel buscándote para arrancarte de una vez por todas. Busco compañías y manos en las que poder sentirme frágil sin ningún temor a romperme por culpa de una ráfaga de viento que pretenda tumbarme.
He buscado en cientos de tabernas tu olor, y simplemente he conseguido acabar rezumando sudor de otro mientras maldecía haber caído otra vez y me daba cuenta de las pocas fuerzas que en mi capazo restaban para poder levantarme una vez más.
Yo siempre te dije que no moríamos cuando dejábamos de respirar. Que moríamos mucho antes. Muchas veces decidimos morir. Ese día yo decidí que había muerto. Seguí deambulando por el mundo, pero mi mirada se vació para siempre, por mucho que el corazón siguiera bombeando sangre. Recuerdo que incluso un día volviste para reconstruir lo que habíamos calcinado a golpe de reproche e intento de olvido, pero ya era tarde y en mis ojos ya no quedaban ni los rescoldos de las llamas que un día se ahogaron en mis propias lágrimas.
El último párrafo es :_
ResponderEliminarAdoro como escribes, mucho.