sábado, 22 de diciembre de 2012

Cupido, llevo años esperándote.

Cupido, llevo años esperándote.
Mi corazón ya solo ansía dolor.
El dolor que tus flechas le inflijan.
Quiere sentir cómo se desarma
y nunca más vuelve a ser el mismo.
Aunque no es dolor lo que quiere,
con mucho años vividos ya,
y él sabe que el amor conlleva angustia,
aflicción que dura tanto como su elixir.
La congoja se apodera del cuerpo
y la sangre brota del órgano motriz
causando sufrimiento allá donde va.
Es inútil luchar contra ello, pues es él,
el mismísimo Eros, el amo del amor
quien así lo ha deseado para nos.

Lo que realmente ansía sin parar
son esos pequeños fragmentos de vida
que al recordarlos parecen vastos y largos
en los que el dolor deja paso al protagonista:
el placer, la vida, el gozo, el deleite, el regocijo.

Por mucho dolor que tus sagitas me provoquen,
siempre tendré la esperanza de que,
aunque sea durante dos, tres, cuatro segundos,
la dicha me sonría y me arribe el placer.
Y en ese instante, pequeño, nimio e insignificante
sabré que mi vida, llena de demonios y tempestades
habrá cobrado un significado buscado durante años.

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